afribuku La negación con el silencio… los africanos y el genocidio de los tutsi (Imprescindible texto para saber mas de nosotros mismos)

Origen: afribuku La negación con el silencio… los africanos y el genocidio de los tutsi : afribuku

 

Autor: Boubacar Boris Diop*

El escritor senegalés Boubacar Boris Diop reflexiona sobre la tesis negacionista defendida durante años por algunos intelectuales franceses de un genocidio planificado. Además de apuntar con el índice a los países africanos y a la sociedad civil de un continente que en cierto modo ha actuado como cómplice de esa negación.

Miércoles, 6 de abril de 1994. Cae la noche sobre Kigali. Sobrevolando la pista de aterrizaje del aeropuerto Grégoire Kayibanda, un pequeño avión inicia las maniobras de aproximación. Es el Falcon 50 de Juvénal Habyarimana, regalo personal de François Mitterrand, que puso también a su disposición una tripulación francesa compuesta por los pilotos Jacky Héraud y Jean-Pierre Minaberry, y por el ingeniero de vuelo Jean-Michel Perrine. El presidente ruandés regresa de Dar es Salam. Acaba de participar en una cumbre regional en la cual fue presionado por sus homólogos para poner en práctica los acuerdos de paz alcanzados con el Frente Patriótico de Ruanda (FPR) ocho meses antes. Hace ya mucho tiempo que duda porque, en realidad, tiene plena consciencia de la feroz hostilidad de los ultra de su terreno en lo que se refiere a compartir el poder con quienes odiosamente denominan los Inyenzi, las cucarachas, es decir, los tutsi del movimiento político-militar de Paul Kagamé.

Además, convencido de no poder controlar la nueva Asamblea Nacional de Transición compuesta por 70 miembros, teme tener que responder ante ella sobre los numerosos asesinatos políticos con objetivos específicos y masacres cometidas durante su reinado, siguiendo sus órdenes o con su aval, en particular desde que se desencadenó la guerra, el 1 de octubre de 1990. Por ello, Habyarimana, al frente del país desde el Golpe de Estado de julio de 1973, tiene plena consciencia, en el momento en que su avión se preparara para aterrizar en Ruanda, de los graves riesgos que asumió en Tanzania y del clima degradado que le espera en el país. Sin embargo, está lejos de pensar que le quedan apenas unos minutos de vida. Un primer tiro de un misil fallido es inmediatamente seguido de un segundo que transforma el avión en una inmensa bola de fuego. Las llamas, que se tragan al presidente ruandés, a su homólogo de Burundi, Cyprien Ntaryamira, y a todos los pasajeros, sólo se apagarán el día 4 de julio, día de la toma de Kigali por parte de las fuerzas armadas del general Kagamé. Es la señal de lo que se conocería poco después como los Cien Días de Ruanda. El cálculo macabro se termina deprisa: del 6 de abril al 4 de julio de 1994, entre cada amanecer y anochecer, diez mil inocentes fueron decapitados, lanzados al río Nyabarongo, ofrecidos como pasto a los perros que súbitamente se convirtieron en tan feroces y sedientos de sangre como sus dueños, ametrallados, despedazados, violados, quemados vivos, enterrados vivos o lanzados a las fosas asépticas, y todo ante el esperpento de madres, de padres de familia y de niños hilarantes. Aunque, tal y como se suele decir, las comparaciones son odiosas, particularmente en este caso, no podemos dejar de exponer que el coste humano del genocidio de los tutsi equivale a once meses de ataques ininterrumpidos contra el World Trade Center de Nueva York, es decir, a un atentado por día entre octubre del 2.000 y septiembre del 2.001… A juzgar por la enorme diferencia de reacciones suscitadas en el mundo por el genocidio de los tutsi y los 3.000 muertos del nine elevenamericano, la vida humana no tiene el mismo valor bajo ningún concepto si se trata de un país pobre o poderoso. No deja de sorprender por ello que la ONU, en vez de reforzar su presencia militar al inicio de la matanza, eligiera ese preciso momento, seguramente el peor, para retirar de Ruanda nueve décimas partes de sus Cascos Azules. De este modo, se facilitó la implantación de una “solución final” planificada pormenorizadamente por unos políticos de inteligencia limitada y de métodos de gran brutalidad. Estas personas estaban lo suficientemente locas para decirles a sus subordinados: “Vayan a las calles, vayan a las colinas, entren en las casas y maten a machetazos a quienes consideren diferentes a ustedes”.

La negación con el silencio

El racismo y el “negacionismo a la francesa”

É aquí la razón por la cual los historiadores que se interesaron por el drama ruandés sin ningún a prioriideológico nunca hayan podido encontrarles la menor justificación. Pero, lejos de lo que parece, esta valiente lucidez no algo que haya sido corroborado por todo el mundo. El hecho es que muchos periodistas, escritores o políticos, sobre todo franceses, solo escuchan a su propia negrofobia, vaga o militante, cuando abordan la cuestión ruandesa. Lo más curioso es que los puntos de vista de estos supuestos especialistas sobre el genocidio de los tutsi son muchas veces más agudos cuando ignoran casi todo sobre el asunto. Recuerdo, por ejemplo, una conversación en 2007 en un café de Guadalajara con un novelista francés llamado Patrick Deville, muy trastornado y hasta indignado al oírme responder a la tesis del asesinato de Juvénal Habyarimana por el actual régimen de Kigali. En el curso de la discusión, percibí realmente sin sorpresa que el tipo no sabía nada de Ruanda y que en el fondo, este país donde nunca había puesto un pie no le interesaba mínimamente, pero no había en su ser cualquier sombra de dudas en cuanto a la culpabilidad de Kagamé. Y, ¿entonces por qué? Lamentamos decirlo: porque el acusador es un juez francés, blanco, y el acusado un jefe de Estado africano, negro. Este racismo primario se sitúa muy claramente en el centro de la negación del genocidio de los tutsis por parte de ciertos occidentales. ¿Es un problema de los propios africanos, entonces? Hablaremos de esto más adelante. En verdad, racismo y negacionismo van siempre de la mano. Así, sólo a partir de fuertes convicciones antisemitas, se puede negar la existencia de las cámaras de gas. También en el caso de Ruanda, estamos ante una negación espontánea de la humanidad, pero que permanece casi siempre avergonzada de sí misma y escondida en los resquicios más oscuros del alma humana. Forman una legión los intelectuales occidentales que sostienen que su África, una África fantaseada, continúa siendo una tierra repleta de paradojas y enigmas, al mismo tiempo siniestra y llena de luz, exaltada y somnolienta, divida entre una alegría de vivir desenfrenada y las pasiones más sombrías. En este espacio abierto a emociones tan diversas y variadas, cada uno vende su producto y la gente se cansa deprisa de separar los disparates sabiamente destilados, entre suspiros entendidos y sonrisas engañosas, por unos y otros.

La elaboración del negacionismo

Stephen Smith pinta África como “el paraíso natural de la crueldad”; el impagable Pierre Péan, se comporta como un autor colonial, ve en los tutsis una raza gangrenada por la “cultura de la mentira” y tan contagiosa que, debido al contacto con ella, los hutus se acabaron convirtiendo en “mentirosos por impregnación” (¡sic!). En vez de ser expulsados de su ámbito después de haber expresado opiniones tan escandalosas, los dos periodistas conservaron su estatus de expertos en el genocidio de los tutsis de Ruanda. El informe encargado por Trédivic – que certifica fuertemente la tesis según la cual el Poder Hutu liquidó a Habyarimana para hacer posible el genocidio – derrotó visiblemente a Smith, Péan y sus semejantes, pero ese no debe hacernos olvidar el sufrimiento que infligieron a los supervivientes durante tanto tiempo. “El negacionismo a la francesa” – la expresión es de Mehdi Bâ – también existe en su versión light,en el discreto e insidioso Jean Hatzfeld. El autor de Dans le nu de la viedescribe, impasible, atrocidades terribles y después considera súbitamente que, aún así, necesita, antes de cerrar su trilogía, decir una palabra sobre las causas de una tal orgía del odio. Y ahí, Hatzfeld incrusta, en medio de La stratégie des antílopes, un capítulo titulado Visions noires de l’Afrique, preñado de los mismos prejuicios sobre el continente, y que no tiene ni siquiera la valentía de sentir como si fuera suyo.

Lo mismo sucede actualmente en los medios de comunicación donde trabajan Claudine Vidal y André Guichaoua, que hacen reír entre dientes a sus colegas, a pesar de la extrema gravedad del asunto. Hoy en día, quedado claro que estos dos universitarios favorecieron las “iluminaciones” del juez Jean-Louis Bruguière y el segundo, Guichaoua, contribuyó con una gran obra (Rwanda, de la guerre au génocide), de un tono excesivamente oscuro, a trasladar la responsabilidad del atentado del 6 de abril de 1994 al FPR (Frente Patriótico de Ruanda). Desgraciadamente para él, es en la parte más floja del libro donde se regocija en repetir las extravagancias de Ruzibiza (exmiembro del FPR), que entre tanto, retoma sus declaraciones a Bruguière. Se descubre, por fin, que el magistrado francés, decididamente bien posicionado, tuvo a lo largo de toda su investigación lo que se podría llamar “un tercer consejero científico” secreto, el historiador belga Filip Reyntjens. El papel de este último fue puesto en evidencia en términos más virulentos por el doctor Bernard Maingain, uno de los abogados del Estado ruandés, que no dudó en preguntar en una rueda de prensa: “¿De qué forma el juez Bruguière y su equipo descuidaron comprobar el pasado y los intereses del señor Filip Reyntjens en Ruanda? ¿Cómo podían ignorar que el señor Filip Reyntjens participase en la elaboración de una Constitución que avalaba el sistema de apartheid en Ruanda durante el régimen de Habyarimana?”. Hay hechos aún más graves, porque el abogado Maingain llegó incluso a considerar a Reyntjens directamente responsable de la eliminación física, por parte de Habyarimana, de políticos ruandeses de buena voluntad, comprometidos en establecer negociaciones discretas en Bélgica para alcanzar la paz en su país.

Cabe mencionar en este sentido a un tal abogado de Minnesota o los “trabajos” del camerunés Onana y del canadiense Robin Philipot.

El juez que estuvo detrás del caso

Cada uno de estos autores fueron, de una forma u otra, instalando los cimientos del edificio negacionista. No obstante, este tuvo muchas dificultades en mantenerse en pie sin el juez Bruguière. Él merece que nos detengamos en su perfil y en sus actos. Si es verdad que nunca nadie creyó en su infalibilidad, al menos se le estimaba como un profesional íntegro. Pues bien, este juez pegado al banquillo de la infamia por unas revelaciones cada vez más avasalladoras, se revela en adelante como un individuo insignificante, indigno y con ambiciones increíblemente ridículas con respecto a los objetivos políticos y morales de su investigación. Al rechazar viajar a Ruanda o pesquisar sobre los estragos del Falcon 50, Bruguière fue sistemáticamente responsable de hacer constar la perpetración de este proceso. Se sirvió entre otros de los servicios de un traductor-intérprete ruandés recomendado por el tristemente célebre excapitán de la gendarmería Paul Barril, otro de sus coachsocultos. Barril, experto en golpes bajos de toda índole, fue visto en Kigali dos días antes del atentado del 6 de abril; fue visto rondar los destrozos del avión en pleno genocidio y también se le vio exhibiendo en Le Monde y en France 2, como por golpe de magia, una falsa caja negra. ¿Qué tipo de intérprete podía proponer un individuo tan dudoso y además oficialmente al servicio de la viuda de Habyarimana? Pues bien, aquel a quien acabará endosando, un tal Fabien Singaye, es un antiguo informador de Habyarimana, pero también amigo y socio de negocios de Jean-Luc, hijo del difunto dictador y representante civil en el proceso; Singaye, diplomático expulsado de Suiza desde 1994 debido a sus relaciones con el régimen genocida es también yerno de Félicien Kabuga, designado justamente como “el financiador del genocidio” y refugiado en Kenia desde la derrota. Podemos imaginar de qué forma traducía Singaye a Bruguière, que no comprende el kinyaruanda, las declaraciones de su compañero Abdul Ruzibiza.

Avestruz de Jean-Claude Sekijege, artista rwandés

En todo caso, casi todos testigos de Bruguière, contradictorios y fantasiosos, se retractaron. Mencioné en uno de mis libros (África más allá del espejoel relato realizado por Libération de una declaración de Ruzibiza. Bruguière amenazó con expulsarlo si no decía lo que él quería oír a cualquier precio. También en el mismo artículo se hace referencia al derecho a asilo político en Noruega que le habían conseguido los servicios especiales franceses, igualmente auspiciadores de su salida de Kampala. Con lo cual todo ello da que pensar que le dictaron cada frase de su testimonio…

En resumen, no queda la menor sombra de duda de la parcialidad de Jean-Louis Bruguière.Quedan por conocerse sus motivaciones. Pero la lectura de los cables de WikiLeaks permite hacerse una pequeña idea. Se descubre, entre otras informaciones relevantes, el relato de sus conversaciones con diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en París. Él les comenta entre otras cosas que condujo toda su investigación sobre Ruanda en acuerdo con el Elíseo – en los tiempos de Chirac – y añade que tiene la intención de castigar a Paul Kagamé, a su gusto demasiado favorable a los Estados Unidos. El juez, que es un patriota, no soporta que acusen a Francia de haber estado resolutivamente del lado de los responsables del genocidio. Ese mismo día, en la Avenida Gabriel del octavo distrito de París, a modo de confidencia, manifiesta estar tentado por un puesto en el Palais-Bourbon y precisa que su mayor sueño sería convertirse en ministro de Justicia de Francia. Parece algo increíble, pero todo está escrito, en blanco y negro, y se extrae de una fuente absolutamente fidedigna…

Los intereses personales de Bruguière

La lectura de estos informes ultraconfidenciales de diplomáticos tiene el mérito de refrescarnos la memoria. Acuérdense rápidamente, por ejemplo, de las promesas ministeriales de Chirac al juez, pero también de las ambiciones políticas abiertamente expuestas de este último. ¿No es cierto que efectivamente Bruguière se presentó a las elecciones legislativas de junio de 2017 en las listas del UMP en Lot-et-Garonne? Sin éxito, por supuesto. Es un tipo curioso este Bruguière. Despreciado por todos, no consiguió llegar a diputado ni a ministro y menos aún lograr que Paul Kagamé se convirtiera en un paria. ¿Qué puede pensar un hombre como este en pleno ocaso de su vida? Pero es muy probable que Bruguière, acostumbrado a los casos sensibles, no se preocupe por estas pequeñas heridas en su amor propio. Él mismo se encargó del caso de los monjes de Tibhirine y del atentado de Karachi que causó la muerte de 11 franceses en 2002. Parece haberse hecho famoso por estos acontecimiento, de manera poco elogiosa, puesto que según el periódico Libération del 16 de junio de 2010, había sido “acusado por las familias de las víctimas, representadas por el abogado Olivier Morice, de falso testimonio y de obstáculo para el ejercicio de la justicia”. Bruguière habría hecho simplemente desaparecer el informe de la autopsia que anulaba la tesis oficial del Estado francés. Corrió el riesgo de verse 5 años en prisión por la primera acusación y tres años por la segunda, pero según ciertas fuentes, la denuncia acabó siendo archivada como consecuencia de su inmunidad jurídica.

Este es el personaje que humilló, con una aprobación casi universal, el honor de un país y logró que sus acciones pesaran tan violentamente en la lectura del último genocidio del siglo XX. Al mismo tiempo, Bruguière insultó por encima de todo la memoria de las víctimas de Ruanda, provocando que se aceptara la idea de que, siendo responsables de su propia destrucción, ellos no eran realmente dignos de cualquier tipo compasión. Después de dos décadas de mentiras, el periodo de luto puede por fin comenzar con toda serenidad para los supervivientes. No es demasiado pronto, pero es mejor que nada.

Cuando volvemos al famoso “Eso nunca más”, el deber de vigilancia debe extenderse, más allá del propio crimen, a todos los elementos constituyentes del ciclo genocida. Es, por lo tanto, esencial saber de qué forma una manipulación tan grosera pudo prosperar durante casi veinte años.

Todo reposaba hasta ahora en la tesis de la cólera espontánea de las masas hutu como consecuencia de la muerte de su líder, pero la situación cambió radicalmente. Ya nadie se atrevería a utilizar tal argumento después de la publicación del informe de investigación entregado al juez Trévidic. Él sumió en una enorme consternación a ciertos analistas de pacotilla como Christophe Boisbouvier de RFI (Radio France International), que llegaron a sugerir que un comando del FPR pudo infiltrarse en el campo cercano al aeropuerto de Kanombe, acechar el Falcon 50 durante horas, después hacer su trabajo y ¡desaparecer por el campo sin dejar rastro ninguno! Nadie se dio la molestia naturalmente de rechazar afirmaciones de tal embarazosa puerilidad.

La explicación del genocidio por un simple atentado es en todo caso una confesión formal, que prescinde de todo comentario. Es verdad que el crimen fue tan espectacular que habría sido vano procurar negar la realidad. Por ello, se escatimaron todos los medios de hacerlo. Pero habría que estar desprovisto de argumentos o casi loco para atreverse a declarar ante el mundo: “Lo sentimos, matamos a un millón de tutsis porque su jefe nos provocó al matar a nuestro presidente”. 

Cementerio ruandés

La soledad de Paul Kagamé y la pasividad de los líderes africanos

Lo más inquietante, sin embargo, es el hecho de que tantos intelectuales africanos hayan secundado este discurso, abierta o tácitamente. Vivimos en una época muy extraña: actualmente basta que una persona cualquiera atribuya las peores monstruosidades a cualquier líder político africano para que inmediatamente, de Dakar a Maputo, muchos editorialistas y otros “pensadores” pongan el grito en el cielo contra ese dictador sediento de sangre. ¿Por qué esa resistencia a evaluar, caso por caso, los datos políticos disponibles antes de posicionarse? Una ausencia tal de sentido del análisis sobre un asunto tan grave como el genocidio de los tutsi de Ruanda, está estrechamente relacionado con los que podemos llamar el odio a sí mismos. Si no llega a ser por su tenacidad y fortaleza, Paul Kagamé todavía sería acusado de ser el organizador del genocidio cuando, en realidad, fue él quien logró que se pusiera fin a todo ello, sin la ayuda de nadie y, sobre todo, sin las lecciones de nadie, sin las de ninguno de los cómplices de los asesinos. Con todo, Kagamé no las tenía todas consigo puesto que las fábulas de sus enemigos fueron validadas anticipadamente por la mala reputación de los políticos africanos, juzgados de partida como crueles, insignificantes y folklóricos. Bastó solo con esbozar con unas pinceladas al jefe del Frente Patriótico Ruandés, el retrato del tirano africano típico, para que la causa fuese escuchada: es imposible que las palabras luchen contra una imagen. La negrofobia evocada por encima del afropesimismo, por así decirlo, duermen en la misma cama y se confortan mutuamente. Si es tan importante tener en consideración los hechos, es porque nadie debería ser acusado como culpable o inocente a priori. Son los acontecimientos reales, al menos lo que de ellos podemos conocer, los que deben esclarecer nuestro juicio.

Ruanda es, en esta perspectiva, un estudio de caso. Paul Kagamé tenía menos posibilidades de ser juzgado con justicia por sus hermanos africanos puesto que la acusación contra él era amplificada por algunos intelectuales occidentales cuya palabra, aunque sea delirante, es siempre sacralizada. No obstante, nunca se habría hablado de Bruguière si, en la propia África, su informe hubiese pasado al peine fino por jueces, periodistas e historiadores. Es de un vacío sideral y, muy a sabiendas de ello, el juez no se hubiera arriesgado a maniobras tan chocantes. Seguramente habría comprendido por sí solo la necesidad de calmarse.

¿Cuáles son entonces los hechos históricamente corroborados que merecen ser considerados en esta investigación?

¿Quién estuvo detrás del ataque al avión?

En primer lugar, los extremistas hutus se traicionaron tantas veces que no había ninguna necesidad de una comisión de expertos para llegar a la conclusión de su responsabilidad en el asesinato de Juvénal Habyarimana. Es preciso afirmar también que tuvieron mala suerte desde el primer minuto: el avión del presidente ruandés se estrelló en los jardines de su propia residencia, forzosamente protegida por la Guardia presidencial. Este simple capricho del azar hace vanas todas las especulaciones acerca de la caja negra del Falcon 50, a pesar de que se siga fingiendo su búsqueda dieciocho años después. ¿Quién se cree que sea más fácil encontrar la caja negra del vuelo AF 447 de Río de Janeiro a París en la inmensidad del Océano Atlántico que encontrar la de un avión caído en un pequeño jardín de Kigali? Muy probablemente, quienes planearon el genocidio y sus aliados destruyeron o todavía esconden un objeto que les hubiera provocado problemas desde el primer momento. Recordemos que una de las primeras personas que llegó al lugar del accidente fue un tal comandante Grégoire de Saint-Quentin. Después de ascender a general, es hoy el jefe de las fuerzas francesas en Dakar. En Senegal, solo el Partido de la Independencia y del Trabajo (PIT) se sobresaltó por la presencia en nuestro territorio de un oficial con fuertes sospechas de confabulación con los responsables del genocidio ruandés.

En situación normal, las deposiciones absurdas, ya mencionadas, de los testigos de Bruguière hubieran bastado para derribar su tesis. Uno de ellos, por ejemplo, alegó que Rose Kabuye había albergado a tres miembros del comando en sus aposentos del CND, el antiguo Parlamento de Transición. El juez Bruguière ni siquiera pensó que debía comprobar si los aposentos en cuestión eran suficientemente grandes para ello, algo que hicieron los jueces Trédivic y Poux en el año 2010. Otro testigo, Ruzibiza, autor de una obra con prefacio de la académica Claudine Vidal (CNRS/EHESS) y con epílogo de Guichaoua -¡cuánta humildad!- describe pormenorizadamente el desarrollo del atentado para convencer por completo al juez de haber participado en éste de forma directa. Cuando alguien se acusa espontáneamente a sí mismo de haber contribuido a la muerte de doce personas, dos de las cuales jefes de Estado en activo y de tres ciudadanos franceses, ¿lo mínimo que se debería hacer no es pedirle al menos que se ponga a disposición de la justicia? Pues bien, no es esa la opinión de Bruguière que le dejó irse a Noruega en total libertad.

Una matanza planificada

Si existe un genocidio cuyos arquitectos y ejecutores actuaron a cara descubierta, es precisamente el de los tutsi en Ruanda en 1994. Tanto en los artículos de Hassan Ngeze en la revista Kanguracomo en las opiniones incendiarias expresadas en la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTLM), los verdugos siempre presentaron muy claramente su proyecto de aniquilamiento de los tutsis. El 22 de noviembre de 1992, es decir, diecisiete meses antes del atentado del 6 de abril, el político Léon Mugesera le preguntó abiertamente a una multitud a su juicio emblandecida: “¿Por qué no detenemos a los padres que enviaron a sus hijos o por qué no los exterminamos? ¿Por qué no detenemos a los que les dirigen o por qué no los exterminamos a todos? ¿Estamos esperando a que vengan ellos a exterminarnos a nosotros?”. Y añade: “¿Aquel a quien no le cortes la cabeza, será el mismo que vendrá a cortaros la vuestra”. Mugesera, extraditado de Canadá a Ruanda, fue más preciso aún en el momento en que profirió ese discurso, invitando a sus partidarios a que lanzaran los cadáveres de los tutsi a las aguas del Nyabarongo. Y eso mismo sucedería. Nadie podrá olvidar las imágenes abominables de las decenas de miles de cuerpos arrastrados por ese mismo río.

Otra prueba del carácter planificado del genocidio es la deserción del famoso “Jean-Pierre”, encargado de entrenar a las milicias de asesinos del partido presidencial, los Interahamwe. Al darse cuenta de que lo que se preparaba era completamente demencial, decidió avisar en secreto al general canadiense Roméo Dallaire, comandante de la MINUAR (Misión de las Nacionales Unidas para la Asistencia a Ruanda). En enero de 1994, le reveló que sus hombres habían sido entrenados específicamente para eliminar en aquel momento mil tustis de 20 en 20 minutos y le indicó con exactitud los lugares en que se encontraban almacenadas las armas a distribuir entre la población el día J. El general Dallaire decidió llevar a cabo de inmediato una operación para desmantelar los escondrijos donde se hallaban las armas. Sin embargo, fue frenado por sus jefes de la ONU, incluido Koffi Annan, que por el contrario le dieron una orden absolutamente surrealista que consistía en compartir sus informaciones con el Presidente de Ruanda. 

Antecedentes históricos del genocidio

También se sabe que las masacres siguieron una agenda precisa y comenzaron con la eliminación de miles de políticos hutus moderados. Entre 1990 y 1994, éstos ya habían pagado un alto precio por parte de los duros del régimen de Habyarimana, el llamado Hutu Power, quienes querían librarse de los tutsi y de sus supuestos cómplices hutu, los Ibiyitso.

El genocidio no se desencadenó seguramente de un minuto a otro y la imagen emblemática que se suele presentar habla por sí misma: un campesino agarra una catana en la mano derecha y sostiene una radio pegada a la oreja izquierda. Escucha atentamente las instrucciones de quienes coordinaron las matanzas; la música racista de Simon Bikindi que se transmite continuamente le incita a la acción; escucha a los presentadores de la RTLM indicarle los lugares donde existe la mayor concentración de tutsis a eliminar, pero también las zonas donde debe dirigirse rápidamente para “ponerse manos a la obra”, porque muchas víctimas potenciales están buscando y cruzando la frontera hacia Burundi o Tanzania, por ejemplo.

Y el last but not leastes algo que me parece absolutamente fundamental: el genocidio de los tutsi de Ruanda no comenzó algunas horas después del atentado del 6 de abril de 1994, sino treinta y cinco años antes, exactamente el día 1 de noviembre de 1959. Esta masacre inicial fue definida como el “Día de todos los santos ruandés”, un símil que recuerda al “Día de todos los santos argelino”, puesto que el FLN desencadenó la lucha armada el día 1 de noviembre de 1954. Es necesario saber que en Ruanda, a partir de esta fatídica fecha, los tutsis nunca tuvieron derecho a una mínima tregua. Sistemáticamente marginados debido a su alegada pertenencia étnica, miles o decenas de miles fueron asesinados bajo cualquier tipo de pretexto. Desde 1964, Bertrand Russell, matemático y filósofo, Premio Nobel de Literatura en 1950, iniciador de los Tribunales contra la Guerra de Vietnam y enorme autoridad moral de su tiempo, ya advirtió y calificó, sin ambigüedad, los acontecimientos de Ruanda como “las masacres más horribles y sistemáticas de seres humanos que se hayan visto desde el exterminio de los judíos por parte de los nazis”. De igual modo, a pesar de la manifiesta participación de un gran número de religiosos en el genocidio de 1994, no debemos olvidar que en los años sesenta, Radio Vaticano utilizó el mismo vocablo – genocidio – para denominar las matanzas antitutsis de Ruanda. Las masacres de Bugesera y de Bagogwe entre 1990 y 1994 eran visiblemente las señales anunciadoras de la determinación de los extremistas hutu para llegar hasta el final en su lógica de exterminación de una parte de sus compatriotas.

Una vez más, sigue sin comprenderse, ante todos estos antecedentes, que Ruanda se haya tenido que ver obligada a enfrentarse en solitario a la poderosa máquina negacionista.

Retrato de Paul Kagamé

El vacío de otros líderes africanos

La falta de solidaridad de otros países africanos era ya patente cuando, con motivo de la cumbre de junio de 1994 en Túnez, en pleno genocidio, la Organización de la Unión Africana ni siquiera pensase que debiera inscribir esta cuestión en su agenda de trabajo. Y actualmente todo el proceso judicial no se desprende del sabor amargo de esta indiferencia: fue un juez francés, Jean-Louis Bruguière, quien ensució la reputación del régimen de Kigali, y fueron otros dos jueces franceses, Marc Trévidic y Nathalie Poux, más honestos y rigurosos, quienes pusieron las cosas en orden.

¿Ya se han estudiado las consecuencias que todo ello ha tenido en el continente? Nada es menos seguro. En Dakar, la Unión de Ciudadanos Ruandeses en Senegal destila, bajo el pretexto de trabajar a favor de la reconciliación, el veneno de la negación y de la división en sus ruedas de prensa, que son regularmente acogidas por la ONG Reencuentro Africano para la Defensa de los Derechos Humanos (RADDHO). No es fácil de explicar tal grado de complacencia. Se podría argumentar que los miembros de esta estructura están abiertos a los que no tienen voz. Sería una excusa demasiado fácil, porque las opiniones que se oyeron hace algunos días tienen un tono marcadamente militante. Al acoger, el día 25 de enero de 2012, la enésima rueda de prensa de la URRS (Unión de Ciudadanos Ruandeses en Senegal), la RADDHO retomó efectivamente, por cuenta propia y de forma aún más radical y caricaturesca que la de sus propios huéspedes, la reescritura de la historia política de Ruanda. Se oyó incluso a su representante elogiando la investigación de Bruguière y afirmó perentoriamente que el informe de los expertos que había sido enviado a los jueces Trévidic y Poux había sido redactado ciertamente en el Elíseo, en pos de un acercamiento entre Francia y Ruanda. En cuanto a la opositora Victoire Ingabire, cuyo juicio se está llevando en Ruanda por negacionismo, divisionismo y apoyo a las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR) – una rebelión armada sin fe ni ley, heredera de los Interahamwe – el mismo orador la presentó cándidamente como una valiente opositora detenida “arbitrariamente”, dicho de otra forma, sin motivo.

Todo esto da que pensar…

El RADDHO sabe bien que Victoire Ingabire no es sino la figura política destinada a barnizar la respetabilidad de las FDLR, cuyo Secretario ejecutivo, Callixte Mbarushimana, a pesar de haber sido liberado por el Tribunal Penal Internacional, continúa acusado de genocidio en Francia, donde se encuentra bajo vigilancia judicial.

Habría sido preferible oír al RADDHO pronunciarse sobre la cuestión relacionada con Léon Mugesera que continúa de plena actualidad, o sobre el hecho de que haya un número creciente de responsables del genocidio que estén yéndose de América o Europa por miedo a ser extraditados a Ruanda, y que estén buscando refugio en otros países africanos, preferentemente francófonos. Ahí se sienten más seguros que en cualquier otra parte del mundo y no es, ciertamente, por casualidad. Este es un momento crítico que hace necesario el debate público, sereno y racional sobre la actitud del RADDHO. Los asuntos a discutir son muy serios y sus desafíos son de gran calado. Fue exactamente en Senegal, donde fue encarcelado el día 27 de noviembre de 2001 Aloys Simba, el “carnicero de Murambi”. Se convirtió en uno de los personajes de mi novela pues me topé con su nombre en muchas ocasiones a lo largo de mis investigaciones sobre la masacre de la Escuela Técnica de Murambi que ocasionó la muerte de por lo menos 45.000 tutsi en pocos días. Pues bien, no imaginaba que Simba pudiera estar pacíficamente instalado en Thiès, donde además gozaba de la protección de una asociación de defensa de los derechos humanos diferente a RADDHO. Si no llega a ser por la petición expresa de Carla del Ponte, antigua Procuradora del Tribunal Penal Internacional, aún estaría disfrutando plácidamente de los días de sol… ¿Esto no debería hacernos reflexionar?

Además de las atrocidades y de su dimensión, el genocidio de los tutsis de Ruanda fue para África el acontecimiento político más significativo del siglo XX, una verdadera “fractura histórica”, y es absolutamente inconcebible que sea tratado con una levedad tan insostenible. Es menos aceptable aún en un momento en que el negacionismo está literalmente acorralado. Si es verdad, como acaban de recordar la historiadora Hélène Dumas y el politólogo Étienne Smith, que los jueces no escriben la historia, los nuevos procesos jurídicos alteran completamente la lectura de los Cien Días de Ruanda. Todos deberíamos tener todo esto en consideración para impedir que los verdugos, tan hábiles disfrazándose de víctimas, puedan retomar su labor, o para que otros políticos de cualquier lugar del continente, se inspiren en su funesto ejemplo.

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Boubacar Boris Diop es considerado uno de los grandes escritores actuales de África occidental. Sus obras narran tragedias y esperanzas que reflexionan sobre el ser humano. En el año 2000 recibió el Gran Premio Literario de África Negra de la Asociación de Escritores en Lengua Francesa por el conjunto de su obra, en la que destacan Le cavalier et son ombre (1997), África más allá del espejo (2009), Los tambores de la memoria (2011) y Murambi, el libro de los huesos (2015). En 2003 escribió su primera obra en wolof, Doomi Golo, cuya traducción al francés  se publicó bajo el título Les petits de la guenon (2009). Su traducción al español titulada El libro de los secretos se publicó en 2015.

Texto publicado el 13 de diciembre de 2014

Artículo publicado originalmente en buala.org 

Traducción del francés: Alejandro de los Santos

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SARAU PARA TODOS: Explicação do patriarcado da forma mais simples e genial que já ouvi.

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Explicação do patriarcado da forma mais simples e genial que já ouvi.

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El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí. Dossier – Amira Hass, Chloe Demoulin, Gideon Levy, Haidar Eid, Richard Falk 

Origen: El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí. Dossier – Amira Hass, Chloe Demoulin, Gideon Levy, Haidar Eid, Richard Falk | Sin Permiso

 

El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí. Dossier – Amira Hass, Chloe Demoulin, Gideon Levy, Haidar Eid, Richard Falk | Sin Permiso

DOSSIER SOBRE EL GENOCIDIO ISRAELI

Por qué me manifesté el 14 de mayo cerca de la valla israelí en Gaza

Haidar Eid

He participado en la Gran Marcha del Retorno en Gaza dos a tres veces a la semana desde que comenzó el 30 de Marzo. Me hace sentir más cerca de mi pueblo de Zarnouqa, que una vez estuvo cerca de lo que solía ser la ciudad palestina de al-Ramla. Las milicias israelíes limpiaron étnica la zona en 1948, expulsando a decenas de miles de palestinos, incluyendo a mis padres.

La Gran Marcha del Retorno  es el comienzo de nuestro largo camino hacia la libertad para acabar con esta injusticia desde 1948.

Nos manifestamos por tres razones. Primero, queremos que se aplique la Resolución 194 de la ONU, que pide el retorno de todos los refugiados palestinos a sus tierras. Segundo, queremos que el cerco genocida impuesto a Gaza por el Israel del apartheid se levante. Tercero, nos negamos a aceptar la decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos a la Jerusalén ocupada.

Nosotros, los manifestantes, pertenecemos a todos los sectores de la sociedad civil y a todo el espectro de las organizaciones políticas palestinas. Y a pesar de lo que la propaganda sionista (hasbara) podría hacer creer, no fue Hamas quien “ordenó” que nos manifestáramos.

El Comité Nacional de la Marcha tiene representantes de todas las organizaciones políticas palestinas, incluyendo Fatah, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, y la Iniciativa Nacional, entre otros.

El 14 de mayo, yo era uno de las decenas de miles de habitantes de Gaza que decidieron ir a la valla oriental protegida por los francotiradores israelíes.

“Hoy será un gran día en la historia de Palestina. Un día que recordarán para siempre todos los palestinos, árabes y amante de la libertad!”, escribí en mi muro de Facebook justo antes de salir de casa ese día para ir en coche con mis tres amigos – un académico, un vendedor y un activista – para unirnos a la marcha.

Había decenas de miles de personas allí con nosotros – hombres, mujeres y niños, familias enteras  de todos los ámbitos de la vida.

Estas miles de personas, caminando sin armas hacia la valla para exigir su derecho a regresar, preocupan a Israel. Su gobierno dio instrucciones a los soldados de disparar contra cualquier civil que trate de “traspasar” la valla.

Los disparos comenzaron ya a las nueve de la mañana. Vi a mujeres, niños, discapacitados, jóvenes y ancianos ser tiroteados, a pesar de que no estaban tratando de “traspasar” la valla. Un joven, cuyo rostro nunca olvidaré, recibió un disparo en el abdomen y nunca llegó al hospital.

Una mujer joven, cuyo rostro estaba cubierto con una kefiya palestina, recibió un disparo en el cuello, pero sobrevivió. Al final del día, habíamos perdido 60 personas y más de 2.700 resultaron heridas.

Las muertes más desgarradoras fueron las de un bebé de ocho meses de edad, Laila El-Ghandour, y la de Fadi Abu Saleh, un amputado que había perdido sus piernas a causa de una mina israelí. Dos de los 60 mártires eran hermanos.

Y también recibí la noticia del martirio de mi amigo Ahmed al-Udini, que deja una hija de 3 años de edad. Era un estudiante y activista de izquierda que después de su graduación se unió al grupo en Gaza del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y trabajó como presentador en la estación de radio Al-Shaab. No era un “amenaza terrorista”, como Israel pretende hacer creer.

Nos preparamos para enterrarles, a él y al resto de los muertos, sabiendo que hemos sido abandonados. La amarga realidad es que estamos solos, asediado, en estado de sitio, y nadie nos quiere, incluso quienes se supone que son nuestros hermanos.

Durante seis semanas, nos hemos enfrentado a la embestida de uno de los ejércitos más fuertes del mundo, que posee cientos de ojivas nucleares, más de 150.000 soldados en servicio activo, carros de combate Merkava, aviones F-16, helicópteros de ataque Apache, cañoneras y drones.

Cuando Israel no nos mata con sus francotiradores o nos bombardea, hace todo lo que puede para asegurarse de que vivimos en condiciones infrahumanas en estado de sitio en Gaza. Obtenemos electricidad sólo 4 horas al día, el 95 por ciento de nuestra agua no es potable, y nuestra enfermos graves agonizan mientras esperan durante meses un permiso para recibir tratamiento en Cisjordania.

Mientras nuestros hospitales, ya sin recursos por el sitio, luchan para tratar a los 12.000 heridos desde el 30 de marzo, algunos regímenes árabes y una UE cómplice no hacen absolutamente nada, salvo publicar declaraciones tímidas. En realidad, han defraudado a los palestinos desde hace años, y hasta la fecha, las actitudes oficiales internacionales son una combinación de cobardía e hipocresía.

La comunidad internacional, la ONU, la UE, y los líderes árabes han permanecido en gran medida en silencio sobre las atrocidades cometidas por el Israel del apartheid. En su lugar, nos piden permanecer en silencio en Gaza, el mayor campo de concentración al aire libre del mundo, con el fin de no incomodar a los ocupantes israelíes.

Se espera que nos comportemos como “siervos palestinos”, al igual que los esclavos domésticos que estaban agradecidos a sus amos blancos y que estaban satisfechos de comer las sobras de sus mesas. Estamos obligados a aceptar nuestra muerte lenta y a no mostrar ninguna forma de resistencia, a admitir que si recibimos un tiro es por nuestra culpa.

Mientras enterramos a nuestros muertos, sabemos que sólo tenemos una opción viable. Esa opción no implica esperar a que se reúnan el Consejo de Seguridad, la UE o la Liga Árabe.

Esa opción es “poder del pueblo”, la única fuerza capaz de enfrentarse con la ocupación militar israelí. Hemos optado luchar por la dignidad, un giro después de años de auto-engaño que nos hacia asumir la esclavitud bajo el ocupante como un hecho consumado.

El resultado de esta decisión de la sociedad civil palestina y de todas las fuerzas políticas es la Gran Marcha del Retorno.

La única vía que nos queda es seguir la misma estrategia que la lucha en Sudáfrica. Se trata de movilizar a las masas sobre el terreno en lugar de hacer lobby ante los gobiernos indiferentes de todo el mundo.

¿Qué ayuda podían esperar los sudafricanos de Margaret Thatcher o Ronald Reagan? Fueron los sudafricanos comunes y corrientes y los ciudadanos comprometidos del mundo los que condenaron y resistieron los crímenes cometidos por el sistema de apartheid.

Nuestra principal ventaja como palestinos en esta lucha desigual es lo que el difunto Edward Said llama “la autoridad moral.” Nuestra victoria al final será el resultado inevitable de nuestra firmeza, de no vacilar a pesar de la sensación de que nos hemos quedado solos.

https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/march-return-14may-gaza-israeli-fence-180516124449284.html

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Siria: bombardeo de EE. UU. Reino Unido y Francia viola norma fundacional ONU

Origen: Siria: bombardeo de EE. UU. Reino Unido y Francia viola norma fundacional ONU | Periodistas en Español

 

Siria: bombardeo de EE. UU. Reino Unido y Francia viola norma fundacional ONU

Las operaciones militares llevadas a cabo por Estados Unidos, Francia y Reino Unido en Siria este 13 de abril del 2018, al bombardear sitios estratégicamente escogidos en los que presuntamente Siria mantiene un arsenal de armas químicas, fueron ejecutadas sin autorización previa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Por ende, y pese a lo afirmado por las autoridades norteamericanas, francesas y británicas (y algunos de sus aliados), constituyen una clara y abierta violación a lo dispuesto en la misma Carta de Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza.

Violación a una norma fundacional del frágil edificio establecido desde 1945

Complejo de almacenamiento de armas químicas Him Shinshar antes del bombardeo. En la inferior, el mismo lugar tras el ataque de EE. UU; Reino Unido y Francia
Complejo de almacenamiento de armas químicas Him Shinshar antes del bombardeo. En la inferior, el mismo lugar tras el ataque de EE. UU; Reino Unido y Francia

¿Donde encontrar fundamento jurídico alguno para justificar este tipo de acción? ¿Cómo evitar a toda costa la sombra de la guerra en Irak del 2003 y descartar algunos de los argumentos (falaces) usados para justificarla? Es la tarea a la que posiblemente se aboquen desde ya algunos juristas en algunas cancillerías y en algunas otras entidades.

En efecto, ninguna norma jurídica internacional permite recurrir al uso unilateral de la fuerza en represalia a actos cometidos en el territorio de otro Estado contra su población, o en respuesta a sospechas de tenencia y de uso de armas de destrucción masiva por parte de un Estado inmerso en un conflicto interno (como el que vive Siria desde varios años).

Como es sabido, la única excepción a la prohibición del uso de la fuerza militar contra otro Estado la constituye, según la misma Carta de Naciones Unidas:

  • el Artículo 51 de la Carta (que preve la figura de la legítima defensa y un mecanismo de notificación para el Estado que justifique acciones militares recurriendo a esta figura) o bien;
  • las acciones militares colectivas debidamente autorizadas por el Consejo de Seguridad, al amparo del Capítulo VII de la Carta.

La noción de “legítima defensa preventiva” o de “legítima defensa anticipada” ideada por los asesores legales del Departamento de Estado norteamericano después del 11 de setiembre del 2001 para justificar acciones armadas en diversos puntos del planeta y para darle una apariencia de legalidad a la funesta acción militar emprendida contra Irak en marzo del 2003 no es conforme a la letra del Artículo 51. Esta operación militar constituyó una violación flagrante a la Carta de Naciones Unidas, y su principal argumento (posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak) una burda maniobra para engañar a la opinión pública mundial, tal y como lo evidenciaron investigaciones recientes y declaraciones de responsables políticos norteamericanos y británicos de la época. El informe Chilcot publicado en el Reino Unido en el 2016 ilustra y documenta la sórdida complicidad existente entre estos últimos (véase nota del NYtimes).

Por otra parte, la invocación de la legítima defensa para justificar acciones militares en territorio sirio sin contar con el consentimiento de sus autoridades en la lucha contra el terrorismo ha sido objeto de fuertes críticas en la doctrina: a tal punto que, en julio del 2016, un manifiesto colectivo firmado por más de 200 especialistas en derecho internacional de las más diversas latitudes, denunció el carácter abusivo de esta invocación (véase nuestra nota publicada en DIpúblico, titulada “Contra una invocación abusiva de la legítima defensa en la lucha contra el terrorismo” disponible aquí).

Finalmente, el argumento de una operación basada en consideraciones “humanitarias“, según externado por la siempre original diplomacia del Reino Unido en las últimas horas, constituye una nueva evidencia de la ausencia de argumentos válidos y creíbles desde el punto de visto jurídico.

ONU Consejo Seguridad 14ABR2018
ONU Consejo Seguridad 14ABR2018

La reciente discusión en el seno del Consejo de Seguridad: ¿presunciones o pruebas fehacientes sobre el uso de armas químicas?

En su sesión realizada el 10 de abril de 2018, el Consejo de Seguridad conoció dos proyectos de resolución para investigar el origen del estallido con sustancias químicas acaecido en Duma del 7 de abril pasado en Siria y la identidad exacta de las personas que las usaron: mientras Estados Unidos, Francia y Reino Unido responsabilizaron directamente a las fuerzas armadas sirias, sin haberse hecho alguna investigación in situ, Rusia y Siria denunciaron la maniobra que consiste en responsabilizar sin prueba alguna a Siria como pretexto para justificar ante la opinión pública una acción militar contra Siria (véase debate contenido en el Acta PV.8228 – versión en español). Por parte de América Latina, participaron en el debate del Consejo de Seguridad los delegados de Bolivia y de Perú, cuyas posiciones difieren sensiblemente.

Pese a lo divulgado en la mayoría de los medios de prensa sobre esta sesión, no fueron uno sino dos los textos sometidos a votación, ambos elaborados en aras de investigar debidamente episodios recientes acaecidos en Siria en los que se presume que se usaron armas químicas (véase nota titulada “Syria: vote on competing drafts“, editada en el sitio jurídico especializado de Whatsinblue, y disponible aquí):

  • el primer proyecto de resolución, presentado por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el cual fue vetado por Rusia, y contó con la abstención de China, logrando reunir 12 votos a favor (p.5 del Acta precitada).
  • el segundo proyecto de resolución, presentado por Rusia, y que no logró reunir la cantidad de votos necesarios, con 6 votos a favor, incluyendo el de Rusia y el de China (p.9).

El Jueves 12, Suecia procedió a circular una nueva propuesta: se lee en esta nota de prensa oficial de Naciones Unidas que :

Sweden, a non-permanent Council member, on Thursday circulated a new proposal that asks for four things. It condemns “in the strongest terms” any use of chemical weapons in Syria and expresses alarm at the alleged incident in Douma last weekend; demands full access and cooperation for the OPCW fact-finding mission; expresses the Council’s determination to establish a new impartial and independent attribution mechanism, based on a proposal by the Secretary-General; and requests the Secretary-General to dispatch immediately a high-level disarmament mission to Syria“.

La legalidad internacional puesta en jaque

En un artículo publicado horas antes de la orden dada por el Presidente de Estados Unidos de iniciar los bombardeos en Siria, la profesora Mary Ellen O’Connell (Universidad de Notre Dame) concluía sus reflexiones señalando que:

 In other words, he plans to violate the prohibition on the use of force to send the message of how important it is to comply with the law on chemical weapons. And he is doing so with relish as he tweets, ‘Get ready Russia, because [the missiles] will be coming, nice and new and “smart!”’. French President Macron has actually chosen to encourage Trump and Britain’s Prime Minister May is still considering options. There should, however, be only one option for States committed to the rule of law: Use the means available in international law to seek accountability for law violations. It is a dangerous moment in history to do anything else.”

(véase artículo titulado “Unlawful Reprisals to the Rescue against Chemical Attacks?“, publicado por EJIL-talk y disponible aquí).

Una leve sensación de “déjà vu”

A raiz de un espisodio ocurrido en Siria en abril del 2017, habíamos tenido la oportunidad de analizar las distintas posiciones oficiales (véase nuestra breve nota titulada “Armas químicas en Siria: Consejo de Seguridad y Estados Unidos“). En aquella oportunidad, Estados Unidos consideró contar con información suficiente responsabilizando a Siria para lanzar un ataque aéreo pocos días después de forma solitaria, a modo de represalia: esta acción militar de Estados Unidos se dió en clara violación a la legalidad internacional: remitimos al respecto al análisis del Profesor Marko Milanovic (Universidad de Nottingham) titulado “The Clearly Illegal US Missile Strike in Syria” publicado en el EJIL-Talk y disponible aquí. Este mismo académico publicó un artículo similar llegando a las mismas conclusiones luego de la reciente acción colectiva objeto de estas reflexiones, diferenciando no obstante la posición del Reino Unido con relación a la de Francia y de Estados Unidos:

To conclude, the UK’s humanitarian intervention argument is so bad even on its own terms that it is clear why the US and France chose to stay silent – no legal argument is in their view a better option than a palpably bad one

(véase su texto titulado “The Syria Strikes: Still Clearly Illegal“, publicado en EJIL-Talk y disponible aquí).

Con respecto a la discusión que se dio en aquel mes de abril del 2017 en el seno del Consejo de Seguridad, remitimos al lector a nuestra breve nota titulada “Chemical weapons in Syria and UN Security Council: no resolution adopted. Would you like to know why?” y disponible aquí. En aquella ocasión, fueron tres las versiones de proyectos de resolución que circularon. Por parte de América Latina, los delegados de Bolivia y de Uruguay fueron los invitados a externar criterios sobre estas tres propuestas (véase el texto de las tres propuestas reproducidas en nuestra breve nota titulada “América Latina durante la discusión sobre armas químicas en Siria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” publicada en el sitio de Ius360 y disponible aquí).

Con relación a un informe de los servicios franceses de inteligencia llegando a las mismas conclusiones que las de sus homólogos norteamericanos, y que fue dado a conocer a pocos días de la primera vuelta electoral en Francia en el 2017, remitimos al lector a nuestra breve nota titulada “Syrie et armes chimiques : à propos du rapport des services secrets français“, publicada en Actualités du Droit, y disponible aquí.

Informes de servicios de inteligencia versus mecanismos internacionales de verificación: ¿hacia donde vamos?

Más allá del juego político que se ha generado alrededor de la guerra civil imperante en Siria, resulta oportuno recordar que la producción, el almacenamiento y la destrucción verificada por expertos internacionales de armas químicas es objeto de una Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas, suscrita en 1997 (véase texto completo en español). Este tratado establece un mecanismo de monitoreo y de verificación que aceptan los Estados Partes y un mecanismo de investigación internacional e independiente en caso de eventos en los que se sospecha el uso de armas químicas por parte de un Estado Parte. Este instrumento multilateral ha sido ratificado por 192 Estados, Siria incluida, con un solo Estado sin ratificarla: Israel (véase estado oficial de firmas y ratificaciones).

En el caso específico de Siria, el equipo de Naciones Unidas a cargo de monitorear la destrucción de armas químicas en suelo sirio (denominado OPCW-UN – veáse sitio oficial), presentó sus respectivos informes a finales del 2014 al cumplirse su mandato en Siria.

A modo de conclusión: el 13 de abril del 2018 o un viernes negro para el derecho internacional

Este nuevo episodio constituye sin lugar a dudas un debilitamiento del ordenamiento jurídico internacional y plantea una serie de interrogantes de cara al futuro: las sospechas de algunos Estados parecieran ser una base suficiente para desafiar la normativa internacional en materia de prohibición del uso de la fuerza. A diferencia del ataque norteamericano perpetrado en abril del 2017 en Siria en respuesta al presunto uso de armas químicas en Idlib (también basado en informes de inteligencia), esta acción del 13 de abril del 2018 fue concertada por tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: fragiliza, como raras veces, la Carta de Naciones Unidas suscrita en 1945 y los principios que contiene.

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El Ejército sirio halla armas israelíes y de la OTAN en almacenes del Estado Islámico (vídeos) 

Origen: El Ejército sirio halla armas israelíes y de la OTAN en almacenes del Estado Islámico (vídeos) – Sputnik Mundo

 

El Ejército sirio halla armas israelíes y de la OTAN en almacenes del Estado Islámico (vídeos)

© Sputnik/ Morad Saeed
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Los militares sirios descubrieron varios almacenes del armamento escondido por los terroristas. La Agencia Árabe Siria de Noticias comparte vídeos en los que se observa el equipamiento hallado.

Los reportajes muestran que entre el armamento de yihadistas se halla equipo militar de producción de Israel y de la OTAN.

El Ejército sirio llevó a cabo operaciones antiterroristas en el este y sudoeste del país. Durante dichas operaciones los militares sirios descubrieron un almacén de armas del EI —grupo terrorista, proscrito en Rusia y otros países.

Asuntos relacionados: “Es una gran vergüenza”: comentan el hallazgo de armas de la OTAN en un almacén terrorista

Entre el equipamiento militar descubierto se encontraban lanzagranadas y morteros propulsados por cohetes, municiones de gran calibre, cohetes pesados, así como artefactos explosivos improvisados, chalecos suicida y armas químicas. Algunos de los hallazgos tenían claras marcas israelíes y estadounidenses.

Los representantes de las Fuerzas Armadas de Siria opinan que los yihadistas utilizaron dicho equipamiento durante el asedio de Deir Ezzor que duró más de tres años.Además, los militares sirios han descubierto almacenes, túneles secretos y otros establecimientos en la zona recién liberada de Guta Oriental. Entre los hallazgos aparecían cohetes destinados a bombardear Damasco años antes de que Guta llegara a ser una zona de combate.

Más aquí: Publican nuevo vídeo de armas israelíes encontradas en el Deir Ezzor sirio

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LOS “ENEMIGOS DE RUSIA”, SEGÚN LOS PROPIOS RUSOS

De acuerdo con los resultados de esta encuesta —que admitía múltiples respuestas—, el 66% de los consultados está seguro de que Rusia tiene enemigos en la arena internacional.
Gevorg Mirzayán, profesor de la Universidad de Finanzas del Estado ruso, destaca en un artículo para Sputnik que los rusos opinan que tienen adversarios porque Rusia se encuentra en un punto en el que se encuentran las principales regiones del mundo: Europa, Oriente Medio y Asia.
Esta es la razón primordial por la que el Kremlin no puede permitirse aplicar una política exterior pasiva.
“Desgraciadamente, Moscú está condenada a sufrir conflictos constantes, con países que no quieren tomar en cuenta sus legítimos y objetivos intereses“, escribe Mirzayán, que destaca que el porcentaje de rusos que considera que el país tiene enemigos externos ha bajado desde 2014.
En primer lugar, esta tendencia a la baja puede explicarse por el hecho de que los ciudadanos rusos —al igual que los de Corea del Sur— se han acostumbrado a convivir con la sensación de peligro y, en segundo lugar, cada vez más rusos consideran que el país tendrá un gran potencial, en caso de confrontación con los países occidentales.
“La población ve que el Kremlin logró evitar el aislamiento internacional aunque las sanciones se mantienen y aplica una política exitosa en todos los frentes exteriores. Se sabe que un jugador fuerte y seguro de sus propias fuerzas es menos propenso a hacer pronósticos apocalípticos”, recalca el autor del artículo.

RUSIA SIGUE SIN EXPLICARSE EL POR QUÉ DEL ODIO Y EL MIEDO A RUSIA, QUE SE ALIMENTA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN OCCIDENTALES

Mirzayán se refirió a las cifras recogidas por el centro Levada según las cuales el 68% de los encuestados consideraba que EEUU es el principal adversario de Rusia, mientras que el 29% opina que es Ucrania y un 14% se decanta por la UE.
EEUU se ha convertido en un enemigo artificial para la opinión pública de Rusia, debido a las acciones emprendidas por el ‘establishment’ político y mediático del país norteamericano. Ambos continúan mirando a Moscú a través del prisma de la Guerra Fría, cuando la URSS realmente se oponía frontalmente a Washington.
“Plagado de problemas internos [EEUU] empieza a pudrirse desde dentro y a sumergirse en un abismo de conflictos civiles. Por eso Washington tomó el rumbo de la contención global de Rusia, asedió a Moscú con las sanciones, la rodeó de regímenes hostiles y empezó a crear una amenaza para la seguridad e integridad territorial de Rusia”.
Según Mirzayán, es por esto que el número de ciudadanos rusos que ven en el país norteamericano a un adversario, se ha triplicado desde 1999. En aquel año solo el 22% creía que Washington era enemigo de Rusia.

UCRANIA ES EL PARAÍSO DEL NAZISMO EN LA EUROPA DEL ESTE, COMO ESPAÑA LO ES EN EL OESTE

El segundo lugar de la ‘lista de enemigos’ es para Ucrania.
“Esto no es culpa de la televisión sino de las autoridades ucranianas, que desarrollan en el país un proyecto rusófobo. Lo hacen porque, en su opinión, es imposible formar la nación ucraniana y crear un Estado soberano sin odiar a Rusia”.
El autor del artículo destaca que “el virus de la rusofobia” ya ha infectado a varias generaciones y será muy difícil de curar en el futuro.
El politólogo recalca que, en parte, Moscú no trata de atajar este problema porque varios expertos consideran que la población ucraniana tiene que recorrer este “camino revolucionario” por completo, para poder sentir todas las consecuencias de la rusofobia y así, finalmente, “tener la oportunidad de curarse”.
En cuanto a la UE, el bloque político y económico de Europa ocupó el tercer lugar en la lista de los principales enemigos de Rusia.
Este resultado tiene algo que ver con la guerra de sanciones contra Rusia. Sin embargo, los rusos entienden perfectamente que Europa —que en su día fue la promotora de esta guerra— es ahora una víctima incapaz de liberarse de las tenazas de Washington.
“Si bien en Europa hay élites rusófobas, su parte más pragmática entiende que Rusia es un vecino importante y que la UE tiene tantos problemas internos que las disputas inoportunas con Rusia no harán más que empeorar la situación”, recalca.
Además, el autor también comentó la presencia de la OTAN o los islamistas en los últimos lugares de la lista de enemigos del país, algo que podría sorprender a algunos.
De acuerdo con la consulta, tan solo el 6% de los encuestados considera a la OTAN como el adversario número uno de Rusia, a pesar de que la alianza militar se opone a Moscú, califica a Rusia como una amenaza y refuerza paulatinamente la presencia de sus tropas cerca de las fronteras del país euroasiático.
“Una cifra tan pequeña puede explicarse por el hecho de que la mayor parte de los encuestados (…) no considera que la OTAN sea un organismo independiente y lo asocia con EEUU, que toca (…) todas las teclas en esta organización. (…) Por eso el porcentaje que considera a la Alianza Atlántica como una amenaza para Rusia disminuyó en seis veces desde 2012”.

Por último, el autor destaca también que solo el 5% de los encuestados considera que los islamistas, incluidos los terroristas del grupo Daesh, son los enemigos reales de Rusia.
A pesar de los atentados que han perpetrado, la población rusa opina que los islamistas son una lejana y difusa amenaza para el país.
“Gracias a la operación en Siria, las autoridades rusas no permitieron que esta amenaza se materializara en las regiones de Rusia y Asia Central”, resume Gevorg Mirzayán.
NOTA.- Levada-Center es una organización rusa independiente, no gubernamental, dedicada a la investigación sociológica y encuestas. Lleva el nombre de su fundador, Yuri Levada (1930-2006) que fue uno de los más importantes y primeros profesores rusos de sociología. El Centro Levada remonta su historia a 1987 cuando se fundó el Organismo de Investigación de la Opinión Pública (VTsIOM) bajo la dirección de la académica Tatyana Zaslavskaya.

RE-EVOLUCIÓN

La nueva encuesta realizada por el centro Levada* ha revelado quiénes son los principales “enemigos para los rusos” en la arena internacional.

De acuerdo con los resultados de esta encuesta —que admitía múltiples respuestas—, el 66% de los consultados está seguro de que Rusia tiene enemigos en la arena internacional.

Gevorg Mirzayán, profesor de la Universidad de Finanzas del Estado ruso, destaca en un artículo para Sputnik que los rusos opinan que tienen adversarios porque Rusia se encuentra en un punto en el que se encuentran las principales regiones del mundo: Europa, Oriente Medio y Asia.

Esta es la razón primordial por la que el Kremlin no puede permitirse aplicar una política exterior pasiva.

Desgraciadamente, Moscú está condenada a sufrir conflictos constantes, con países que no quieren tomar en cuenta sus legítimos y objetivos intereses“, escribe Mirzayán, que destaca que el porcentaje de rusos que considera que el…

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El arte de los presos de Guantánamo se enfrenta al Pentágono, por SANDRO POZZI

El arte de los presos de Guantánamo se enfrenta al Pentágono | Cultura | EL PAÍS

El arte de los presos de Guantánamo se enfrenta al Pentágono

Una exposición de obras de los reclusos en una universidad de Nueva York motiva que el Gobierno de EE UU impida que salgan más piezas de la prisión

SANDRO POZZI

Guantanamo

La entrada, en 2014, de uno de los campos de detención en Guantánamo BEN FOX AP

El yemení Muhammad Ansi aprendió a pintar durante los casi 15 años que estuvo recluido en la prisión de Guantánamo, en Cuba. Ahí creó, un año antes de ser entregado a Omán, una pintura en la que se ve a la Estatua de la Libertad alzándose junto a un mar azul intenso. Su arte, como explican los responsables que en Nueva York exponen su trabajo, suele representar ciudades vistas desde la distancia, caminos sin principios ni fin y barcas vacías perdidas en el mar.

Es uno de los ocho hombres que estuvieron en la infame prisión estadounidense sin ser sometidos a juicio y que exponen sus trabajos. “Pintan el mar una y otra vez sin poder alcanzarlo”, señalan los curadores de la exposición, que se inauguró el pasado octubre y que estará abierta al público hasta el 26 de enero en la galería de los Presidentes en el John Jay College of Criminal Justice.

La muestra está rodeada de controversia. El Pentágono insiste en que los artículos producidos por los detenidos en Guantánamo son propiedad del Gobierno de Estados Unidos. Y en orden a una nueva regla, se incluye a las obras de arte. Los organizadores de la exposición han difundido una petición para protestar por esta política del Departamento de Defensa, que contempla quemar los trabajos anteriores.

Como todo en Guantánamo, el proceso creativo está muy vigilado. Los presos podían conservar las obras gracias a las gestiones de sus abogados, porque no se consideran una amenaza. La organización de la muestra, sin embargo, llegó a revisar las reglas por las protestas de los familiares de las víctimas de los atentados del 11-S. Estas limitaciones, según los curadores, son una clara censura.

“Quemar arte es algo que hacen los regímenes fascistas y los terroristas, no el pueblo americano”, denuncian los organizadores. “Es increíblemente cruel”. Los envíos de obras de arte hechas por los detenidos están en este momento suspendidas, de acuerdo con una nota emitida por Anne Leanos, de la Navy. Durante la huelga de hambre que protagonizaron los presos en 2013, ya se les requisaron sus trabajos.

En total se exponen 36 cuadros y esculturas. Las obras de arte están creadas a partir de imágenes que imaginaban los reclusos, basadas en fotografías o secuencias de películas. Uno de los cuadros de Muhammad Ansi representa al Titanic. Lo recordaba porque vio el filme durante los interrogatorios. También intentaba representar a su familia, a la que en otro trabajo muestra con flores rojas agarradas por una mano.

Moath Al-Alwi, otro de los reos liberados, igualmente de origen yemení, también pintó, pero en su caso la exposición muestra modelos de barcos a escala muy elaborados, en los que utilizó restos de materiales. Los concibió como regalos a sus familiares y abogados. El mar también es una constante en los lienzos de Ammar Al-Baluchi. Con su trabajo busca plasmar los efectos físicos de la tortura.

El arte también fue una vía de escape para Khalid Qasim y, como el resto de reclusos, tuvo que experimentar con los materiales que tenía a mano. Sus cuadros están realizados sobre lienzos de arena y albero que cogió del descampado donde hacía ejercicio. De nuevo, el Titanic es protagonista. El argelino Djamel Ameziane representa su experiencia en Guantánamo con un barco azotado por las tempestades. La exposición ya ha sido visitada por unas 10.000 personas. El acceso es gratuito y los interesados en comprar los trabajos pueden adquirirlos si los autores están en libertad.

En la actualidad hay 41 detenidos en Guantánamo. Como señala la petición de firmas, la nueva política del Pentágono tendrá efectos drásticos, ya que les privará de la “habilidad para crear belleza y de comunicarse con el mundo externo”.

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